El Lobo de mar
El Lobo de mar No puedo decir que el empleo de segundo llevara consigo más placeres que el de no lavar platos. Yo ignoraba hasta los deberes más sencillos inherentes a este cargo, y sin duda lo hubiera pasado muy mal de no haber simpatizado conmigo los marineros. No conocÃa ninguna particularidad de cuerdas y aparejos, ni sabÃa colocar ni orientar las velas; pero los marineros trataban de ponerme al corriente, especialmente Louis, que demostró ser un buen maestro, y mis subordinados me ocasionaron pocas molestias.
Con los cazadores ya fue otra cosa. Familiarizados con el mar, aunque no todos en el mismo grado, me tomaban a broma. No expuse ninguna queja, pero Wolf Larsen exigió para conmigo la disciplina más estricta y mucho más respeto del que el pobre Johansen habÃa recibido en vida; y después de varias riñas, amenazas y bastante gruñir, logró poner a los cazadores en cintura. De proa a popa era yo mÃster Van Weyden, y únicamente en privado me llamaba Hump Wolf Larsen.
