El Lobo de mar
El Lobo de mar El resto del dÃa transcurrió sin más contratiempos. Después de habernos mojado sin compasión, el temporal empezó a perder fuerza. El maquinista y los tres fogoneros, tras una discusión acalorada con Wolf Larsen, fueron equipados en el bazar, se les asignaron sitios como a los cazadores en los diversos botes y en las guardias del barco y pasaron al castillo de proa. Protestaron, pero sin levantar mucho la voz. Estaban amedrentados con lo que ya habÃan visto del carácter de Wolf Larsen, y las narraciones dolorosas que no tardaron en oÃr en el castillo de proa les quitaron los últimos deseos de rebelión.
Miss Brewster (el maquinista nos habÃa dicho su nombre) seguÃa durmiendo. A la hora de cenar supliqué a los cazadores que no gritaran y asà no la molestarÃan, y hasta el dÃa siguiente por la mañana no hizo su primera aparición. Mi intención habÃa sido servirle las comidas aparte, pero Wolf Larsen se opuso a ello. ¿Quién era esta mujer, para que la mesa y la sociedad de la cabina no fuesen dignos de ella? Fue lo que me preguntó.
