El Lobo de mar

El Lobo de mar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPITULO XXI

El mal humor de Wolf Larsen por haber prescindido de él en la conversación con Maud Brewster había de exteriorizarse de alguna manera, y la víctima fue Thomas Mugridge, que ni había modificado sus costumbres ni se había mudado la camisa, aunque él lo afirmase. El pingajo desmentía la afirmación, y la acumulación de grasa sobre la cocina económica y en los pucheros y sartenes tampoco atestiguaban una limpieza general.

—Estás avisado, cocinero —le dijo Wolf Larsen—, y ahora vas a tomar la medicina.

El rostro de Mugridge palideció bajo la costra de suciedad, y cuando Wolf Larsen pidió una cuerda y llamó a un par de hombres, el desdichado cocinero huyó desalentado de la cocina y se esquivó por la cubierta, perseguido por la tripulación gesticulante. Pocas cosas hubieran podido ser más del agrado de estos hombres que darle una zambullida, pues siempre mandaba al castillo de proa unos ranchos y guisotes de la peor especie. Las circunstancias favorecían la empresa. El Ghost se deslizaba por el agua a una velocidad no mayor de tres millas por hora, y el mar estaba en absoluta calma; pero Mugridge era poco aficionado a hacer inmersiones y es posible que ya hubiese visto antes remolcar a otros hombres. Además, el agua estaba horriblemente fría, y la complexión del cocinero no era nada robusta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker