El Lobo de mar

El Lobo de mar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPITULO XXIX

Había descargado el bote y transportado su contenido a lo más elevado de la playa, donde me propuse montar una tienda. Encontré trozos de leña acarreados por el mar, aunque no mucha, y esto y la vista de una cafetera que había cogido de la despensa del Ghost me había sugerido la idea de encender fuego.

—¡No hay cerillas! —exclamé desesperado—. No traje una sola cerilla, y ahora no tendremos café, ni sopa, ni té, ni nada.

—¿No fue Crusoe quién frotó un madero con otro? —balbuceó ella.

—Pero he leído las narraciones de unos veinte náufragos que lo intentaron en vano —respondí.

—Está bien —dijo Maud—; pero así como hemos podido hasta ahora prescindir de estas cosas, no hay ninguna razón para que no podamos seguir pasando sin ellas.

—¡Piense en el café! —grité—. Además, sé que es bueno. Lo cogí del camarote de Wolf Larsen. Y fíjese en esta leña tan rica.

Tuve que resignarme, y me dispuse a montar con la vela del bote una tienda para Maud.

—Tan pronto como ceda el viento —dije a Maud—, pienso salir con el bote para explorar la isla. En algún sitio ha de haber hombres. Algún Gobierno debe proteger a todas esas focas. Pero antes de partir, quiero que esté usted bien instalada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker