El Lobo de mar

El Lobo de mar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPITULO XXXII

Desperté oprimido por una sensación misteriosa. Parecía como si echara algo de menos a mi alrededor. Pero el misterio y la opresión se desvanecieron en cuanto estuve unos instantes despierto, y advertí que esa cosa cuya falta notaba era el viento. Me había dormido en ese estado de tensión nerviosa producida por el ruido o movimiento incesantes, y al despertar continuaba con la misma tensión y dispuesto a recibir la presión de algo que ya no gravitaba sobre mí.

Era la primera noche que había pasado bajo techo después de varios meses, y permanecí voluptuosamente bajo las mantas (que esta vez no estaban mojadas por la niebla o las salpicaduras de las olas), analizando primero el afecto que causaba en mí la sensación del viento, y luego el placer, muy mío, de reposar sobre el colchón confeccionado por las manos de Maud. Cuando estuve vestido y abrí la puerta, oí saltar todavía las olas en la playa, atestiguando su furor de la noche. El día era claro y lucía el sol. Había dormido hasta muy tarde, y estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido, como correspondía a un habitante de Endeavour Island.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker