El Lobo de mar
El Lobo de mar En seguida nos trasladamos al Ghost, ocupando nuestros antiguos camarotes y guisando desde aquel dÃa en la cocina. Nos hallábamos muy a gusto, y el palo de trinquete, suspendido de las improvisadas cizallas, daba a la goleta una apariencia en actividad que parecÃa la promesa de una próxima partida.
El ataque sufrido por Wolf Larsen, fue seguido de una notable pérdida de sus facultades. Maud lo descubrió por la tarde, al tratar de darle alimento. Ella le habló, pero no obtuvo respuesta. Estaba acostado sobre el lado izquierdo y era evidente que sentÃa grandes dolores. Su desasosiego le hizo volver la cabeza, quedando asà la oreja izquierda libre de la presión de la almohada. Al instante oyó, y Maud vino corriendo a advertirme lo que sucedÃa.
Oprimiéndole la almohada sobre la oreja izquierda, pregunté a Wolf Larsen si me oÃa, pero no contestó; luego la quité, repitiendo la pregunta, y respondió afirmativamente.
—¿Sabe que está sordo de la oreja derecha? —le dije.
—Sà —repuso en voz baja pero enérgica—, y más aún, tengo afectado todo el costado. Parece como dormido. No puedo mover el brazo ni la pierna.
—¿Fingimos otra vez? —le interrogué, enojado.
