El Lobo de mar
El Lobo de mar Todo lo que me sucedió después en la goleta Ghost, al tratar de adaptarme al nuevo ambiente, no puede sino formar parte del capítulo de dolores y humillaciones. El cocinero, a quien la tripulación llamaba el Doctor, Tommy, los cazadores y Cocinero, Wolf Larsen, se había trocado en otra persona. La diferencia sufrida en mi estado trajo una diferencia correspondiente en su trato conmigo. Todo lo que antes tuvo de servil y adulador, tenía ahora de dominante y belicoso. En realidad, yo no era ya el caballero distinguido, con una piel tan fina como la de una dama, sino un grumete vulgar y sin importancia.
Insistía absurdamente en que le llamase míster Mugridge, y su conducta y su talante cuando me enseñaba mis deberes eran insufribles. Además de mi trabajo en la cabina, que se componía de cuatro camarotes, suponía que debía ser su ayudante en la cocina, y mi colosal ignorancia respecto a cosas como el mondar patatas y fregar cacharros grasientos era para él un manantial inagotable de admiraciones sarcásticas. Se negaba a tomar en consideración lo que yo era, o mejor dicho, cuáles habían sido mi vida y mis costumbres. Ésta era en parte la actitud que había adoptado para conmigo, y confieso que antes de terminarse el día le odiaba con una intensidad tal, como nunca había odiado a nadie hasta entonces.
