El Lobo de mar
El Lobo de mar —¿Cree usted que se aventuran muchos a cruzar con este tiempo la Puerta de Oro? —preguntó, o mejor dicho rugió—. ¿Cómo avanzar a la ventura? ¿Eh? Escuche y verá. La campana de una boya; pero ¿dónde se halla? Mire cómo cambian de dirección.
A través de la niebla llegaba el triste tañido de una campana, y vi al piloto que hacÃa rodar el volante con gran presteza. La campana que me pareció oÃr a proa sonaba ahora a un lado. Nuestra propia sirena silbaba incesantemente y de vez en cuando nos llegaba el sonido de otras sirenas.
—Será algún barco de los que cruzan la bahÃa —dijo el recién llegado, refiriéndose a un pito que oÃamos a la derecha—. ¿Y esto? ¿Oye usted? Probablemente alguna goleta sin quilla. ¡Mejor será que vaya usted con cuidado, caballero de la goleta! ¡Ahora sube el demonio en busca de alguien!
El invisible barco de transporte silbaba una y otra vez y el cuerno sonaba con muestras de terror.
—Ahora están ofreciéndose mutuamente los respetos y tratando de salir del atolladero —prosiguió el hombre del rostro colorado al cesar aquella confusión.
La excitación le hacÃa resplandecer la cara y brillarle los ojos cuando traducÃa al lenguaje articulado las expresiones de cuernos y pitos.
