El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Oh, aquéllos eran dÃas muy felices y salvajes! Usted debe creerlo, querida. En el transcurso de tres años esos ingleses de la plantación se bebieron océanos de champaña y de whisky escocés, tirando más de treinta mil libras en saco roto. ¡Y no dólares sino libras!, es decir, ciento cincuenta mil dólares. Mientras duró aquello fueron prÃncipes. Era algo espléndido, glorioso, una verdadera locura. Vendà la mitad de mis joyas en Nueva Zelanda antes de comenzar de nuevo. Al final Bruce Anstey se voló la tapa de los sesos. Roger se hizo tripulante de un carguero, que llevaba gente negra, por ocho libras al mes. Y Jack Gilbraith…, ése era el más raro de todos. Su gente era rica y de abolengo, y se marchó a Inglaterra vendiendo carne de mala calidad. Después su familia le prestó más dinero para comprar una plantación de caucho en alguna parte de las Indias Orientales, en Sumatra, o tal vez en Nueva Guinea, no recuerdo bien…
Y Saxon, ya de regreso a su cocina, mientras preparaba la comida para Billy, se quedó pensando en las cosas que le debÃan haber pasado a aquella mujer, que habÃa recorrido tanto mundo y que finalmente llegó hasta West Oakland y se casó con Barry Higgins. El viejo Barry nunca habÃa disfrutado de una opulencia semejante, y en caso de haberla tenido no la hubiese tirado por la ventana como ella habÃa contado. Además, la mujer habÃa revelado nombres de otras personas sin decir el suyo.