El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon, pensando en la relación que debía haber con Billy, en el sentido de mantener siempre la cordialidad y la altura de sentimientos que hasta ahora había entre ellos, se sintió impulsada hacia la señora Higgins. Ella debía saberlo todo, con toda seguridad. ¿Acaso no había dejado entrever conocimientos superiores a los de las demás mujeres?
Durante las semanas que transcurrieron, Saxon la frecuentó asiduamente. Pero, sobre todo, la señora de Higgins la inició en el arte de los encajes, a lavar las prendas más variadas y efectuar las compras. Pero una tarde Saxon la encontró más excitada que de costumbre, borboteando palabras un poco confusas y con los ojos llameantes. Tenía el rostro encendido y lo que decía quemaba. En el aire había un olor a licor. Saxon sabía que a la vieja le gustaba beber. Mientras bordaba un pañuelo que quería regalarle a Billy, asustada y nerviosa; Saxon escuchó el desborde precipitado de las palabras de Mercedes.