El Valle de la luna
El Valle de la luna Mientras comían en la mesa, Tom comenzó a hablar de los placeres de la vida en la granja que había conocido de adolescente, y confesó que tenía la esperanza de obtener tierra del Gobierno en alguna parte, de la misma manera que sus antepasados. Pero desgraciadamente, explicó, Sara no quería cambiar, y entonces quedaba en proyecto.
—Todo sucede como en el juego —suspiró Billy—. Se juega de acuerdo a las reglas, y supongo que alguien debe sufrir el knock-out.
Un poco más tarde, mientras Bert estaba discutiendo nuevamente, Billy advirtió con sorpresa que se hallaba entregado a las comparaciones. Esa casa no era su casa. Allí no había una atmósfera buena. Parecía que las cosas chocaban continuamente. Recordó que cuando llenaron todavía no estaban lavados los platos del desayuno. No había observado los detalles porque se sentía, como todo hombre, despreocupado por las cosas domésticas. Sin embargo eso se presentaba a cada momento delante de sus ojos, y entonces llegó a la conclusión de que Mary no se parecía en nada a Saxon, al menos a ser una buena ama de casa. Miró con orgullo en dirección hacia su mujer, y sintió el impulso irresistible de levantarse, avanzar hacia ella y abrazarla. Era su mujer, su esposa…, y entonces recordó las ropas interiores que Saxon usaba, y en su pensamiento aquella imagen apareció tan viva que sólo pudo salir de él cuando Bert le habló.