El Valle de la luna
El Valle de la luna —¿Pero a quién le estás hablando as� —le gritó.
Billy quedó mudo, avergonzado, y la miraba lleno de estupefacción, con una cara pálida y colérica.
—Por favor, no vuelvas a hablarme de esa manera, Billy —le pidió ella.
—¿No puedes perdonar un acceso de malhumor? —dijo disculpándose pero sin dejar de ser desafiante—. Dios sabe perfectamente que tengo más de un motivo para volverme maniático.
Cuando Billy abandonó rápidamente la casa, ella corrió hacia el dormitorio y sollozó con el corazón destrozado. ConocÃa en toda su plenitud la humildad del amor pero al mismo tiempo estaba llena de orgullo. Sólo los orgullosos podÃan ser realmente humildes, los fuertes verdaderamente amables. Pero se preguntaba qué objeto tenÃa ser digna y considerada cuando la única persona en el mundo que le interesaba perdÃa su amor propio, su amabilidad y su corrección, y hacÃa que todo fuera más dificultoso.