El Valle de la luna
El Valle de la luna —Entonces supongo que estarÃa con el agua de lavar platos y con la medusa —se irguió en la silla y después se recostó en el respaldo tan inconscientemente como si se acariciase los bÃceps abultados. Luego la miró a Saxon—. Pero, a Dios gracias, tengo mucha fuerza en cada brazo y una esposa que los colma de amor. Las mujeres aplaudieron nuevamente y la señora Hall exclamó:
—¡Miren cómo se sonroja Saxon! ¿Y por su parte qué dice?
—Que ninguna mujer podrÃa ser más dichosa —tartamudeó—, y que ninguna reina podrÃa sentirse tan orgullosa como yo. Y eso…
Completó su pensamiento pulsando el ukelele y cantando:
«La ley sigue su malicioso curso
y realiza sus errores».
—Le demostraré lo contrario —le dijo Hall a Billy haciendo una mueca.
—Oh, tal vez sea asÃ… —dijo Billy con modestia—, y es que usted ha leÃdo tanto que supongo que sabe más que yo de todo.
—¡Oh, oh, traidor, se desdice! —exclamaron varias mujeres jóvenes.
Billy tomó aliento y las tranquilizó con una leve sonrisa.