El Valle de la luna
El Valle de la luna —¿Cuándo crees que podremos partir?
—Quizás dentro de dos semanas…, o sino dentro de dos o tres meses —Billy suspiró de una manera deliberada y solemne—. Nos parecemos al irlandés: tenemos el baúl pero nada para poner adentro. Aquà está el carromato, los animales, pero nada en el interior para ser arrastrado. Sé de una escopeta que vale una ganga: dieciocho dólares…, pero no, piensa en las cuentas que tenemos que pagar. Además allà mismo hay un nuevo automático que vale veintidós y que quiero que sea para ti, y también un treinta-treinta que tuve delante de mis ojos y que puede servir para los ciervos. Y tanto tú como yo queremos unas varas que sean buenas, y las monturas cuestan como el diablo. Los arneses que realmente me gustan costarÃan asÃ, frÃamente, cincuenta dólares redondos. Y el carromato debe ser pintado. Y asimismo hay que pensar en esas sogas para el pasto, en los bozales y los envoltorios para los arneses, y en todas esas cosas. Y Hazel y Hattie se comerán los hocicos entre sà mientras esperamos. Realmente, me salgo de la vaina por partir.
De pronto se detuvo confundido.
—Bueno, Billy, dime qué tienes escondido en la manga… Lo puedo leer en tus ojos —le preguntó Saxon, acusándolo en cierto modo.