El Valle de la luna
El Valle de la luna —Solamente siento una pena —dijo ella—. Lo tuviste que ganar todo y yo no hice nada para ayudarte en la empresa.
—¡Si tú lo hiciste todo! Eres como mi segundo en una pelea. Me has mantenido dichoso y en perfectas condiciones. Un hombre no puede pelear sin tener un buen segundo que vele por él… ¡Diablos!, no andarÃa por aquà si no fuese por ti. Me hiciste recoger las estacas y andar hacia adelante. Si no fuera por tu ayuda en estos momentos serÃa un borracho perdido, y estarÃa completamente podrido, o tendrÃa la garganta apretada en San Quintón por haber golpeado a algún «tiñoso» demasiado violentamente, o sino por cualquier otra causa. Y ahora mÃrame. Aquà está el fajo de billetes verdes —se golpeó en el pecho— para comprar algunos caballos para el patrón. Disfrutaremos de una vacación eterna y al mismo tiempo llevamos una buena vida. Y ahora tengo un oficio más: comprador de caballos para Oakland. Te demostraré que soy capaz, y que todas las firmas de San Francisco me encargarán que les compre caballos. Y todo esto también es por culpa tuya. Eres mi criatura tónica y… y… si Possum no mirase… ¿pero quién se preocupa de él?
Billy se inclinó hacia Saxon y la besó.