El Valle de la luna
El Valle de la luna Se sentaron en sillas sólidas, sencillas, mientras que la señora lo hizo en el pequeño asiento esmaltado de rojo, junto al gran sillón que ocupaba Edmund. Mientras Saxon escuchaba la conversación se fijaba con atención en la sobria habitación llena de libros. Comprendía ahora de qué manera una simple estructura de madera y de piedra podía trasmitir el espíritu de quien la había concebido y construido. Esas manos delicadas lo habían hecho todo…, hasta los muebles, sospechaba, y sus ojos vagaban desde la mesa de trabajo hasta el lugar de lectura, cerca de la cama, en la habitación contigua, donde había una lámpara de pantalla verde, libros y revistas, apilados y ordenados.