El Valle de la luna
El Valle de la luna Edmund siguió seleccionando títulos hasta extraer un buen número de libros. Abrió uno que estaba encima de todos: «Tres acres y la libertad», de Bolton Hall, y les leyó algo acerca de un hombre que recorría anualmente seiscientas cincuenta millas y cultivaba veinte acres a la antigua, lo que le producía tres mil bushels[54] de malas patatas. Y después leyó algo de otro hombre, un granjero de la nueva generación, que sólo cultivaba cinco acres y recorría doscientas millas por año y producía tres mil bushels de patatas tempranas, escogidas, que vendía a un precio unas cuantas veces superior al que percibía el granjero anterior.
Saxon tomó los libros y, mientras los colocaba en los brazos de Billy, fue leyendo los títulos: «Frutas de California», de Wickson; «Hortalizas de California», también de Wickson; «Fertilizantes», de Brooks; «Aves de corral», de Watson; «Irrigación y desecamiento», de Kropotkin’s; «Campos, fábricas y talleres», y el Boletín de Productos del Granjero N.º 22, que estaba dedicado a «La alimentación de los animales de granja».
—Cuando quiera más libros venga por aquí —le dijo Edmund—. Tengo cientos de libros sobre agricultura, y además todas las publicaciones oficiales sobre esos temas… Y tiene que conocer a Dulcie cuando tenga un momento libre —agregó ya desde la puerta, levantando la voz para ser escuchado.