El Valle de la luna
El Valle de la luna Billy tragó saliva y parecÃa que renunciaba a algo.
—Muy bien —dijo haciendo alarde de buena voluntad—. En adelante nos quedaremos con los tuyos.
Durante el tiempo que duró la visita de la señora Mortimer, Billy dejó que las mujeres arreglaran las cosas por sà mismas. En Oakland se habÃa iniciado un perÃodo de trabajo intenso, y desde los establos de West Oakland llegaban urgentes pedidos de equinos. Por esa razón estuvo permanentemente fuera de la casa, tanto durante la mañana como la tarde, recorriendo la zona en busca de animales jóvenes de trabajo. De esa manera desde un comienzo conoció casi totalmente el valle. También hubo una liquidación de yeguas en los establos de West Oakland, cuyos cascos estaban completamente deshechos por el duro pavimento de la ciudad, y se le ofrecÃa prioridad en la adquisición a precio que eran una verdadera ganga. Eran buenos animales, y sabÃa su calidad, pues los conocÃa desde hacÃa mucho tiempo. El suelo suave del campo, después de un previo descanso de pastoreo y una vez arrancadas las herraduras, las pondrÃa otra vez en forma. No serÃan útiles sobre el duro pavimento de la ciudad, pero trabajarÃan durante años en las tareas campesinas. Y además habrÃa que considerar la crÃa que dejarÃan. Pero no podÃa gastar dinero para comprarlas. Estuvo preocupado sobre ese asunto sin decirle nada a Saxon.