La gente del abismo
La gente del abismo En una sociedad cimentada sobre las bases del materialismo y de la propiedad, en lugar de en el espíritu, es inevitable que los crímenes contra la propiedad cobren mayor importancia que los cometidos contra la persona. Propinar una paliza a la esposa hasta romperle varias costillas es un agravio trivial y sin importancia comparado con la ofensa que supone dormir bajo el cielo estrellado porque no se tiene con qué pagar un cobijo. El mozo que roba unas peras de la poderosa compañía ferroviaria representa una mayor amenaza para la sociedad que el brutal muchacho que, sin motivo alguno, asalta a un anciano de setenta años. La joven que alquila una habitación fingiendo que dispone de un trabajo está cometiendo un delito tan peligroso que si no se la castiga duramente, ella y las de su clase, podrían echar por tierra el complicado sistema sobre el que se sustenta la propiedad. Si en cambio se hubiese paseado impíamente después de medianoche por Piccadilly y el Strand, la policía no se habría entrometido y ella podría pagar su alojamiento.
Los siguientes casos son ilustrativos, y son un extracto de los informes de los Tribunales Policiales que se produjeron durante el transcurso de una sola semana: