La gente del abismo
La gente del abismo —Esto te convierte en un criminal quieras que no —dijo el Carpintero—. Aquà me tienes, un viejo. Los jóvenes han ocupado mi lugar, mis ropas cada vez son más andrajosas, y cada dÃa me resulta más difÃcil encontrar trabajo. Voy al albergue buscando un jergón. Tengo que estar allà a las dos o las tres de la tarde o si no, no me lo dan. Ya habéis visto lo que ha pasado hoy. ¿Cómo voy a encontrar un trabajo? Supongamos que me admiten en el albergue. Me tienen encerrado todo el dÃa siguiente y no me sueltan hasta la mañana del otro. ¿Y entonces qué? La ley dice que no puedo ir a otro albergue que esté a menos de diez millas. Tengo que apresurarme para llegar a tiempo. ¿Qué oportunidades me deja para encontrar un trabajo? Supongamos que no vaya. Supongamos que busco trabajo. Sin que me dé cuenta, se me ha echado la noche encima y me quedo sin jergón. Toda la noche sin dormir, nada que comer, ¿y cómo aguanto al dÃa siguiente para buscar trabajo? Tengo que arreglármelas para dormir en el parque (la visión de Christ’s Church, en Spitafield, no me habÃa abandonado) y conseguir algo que comer. ¡Y aquà estoy! Viejo, caÃdo y sin que me dejen levantarme.
—Aquà habÃa una barrera de peaje —dijo el Carretero—. He pagado aquà muchas veces el peaje en mis tiempos de carretero.