La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Era inevitable, pues, que acabara escaseando. Pero ellos precipitaron la escasez sobrealimentando a los perros, con lo que aceleraron también el momento en que habrÃan de darles menos. Los perros nuevos, cuyos jugos gástricos no se habÃan formado en hambre crónica y por tanto no sabÃan extraer de lo escaso el máximo partido, tenÃan un apetito voraz. Y además, cuando los agotados huskies empezaron a tirar poco, Hal decidió que las raciones programadas al principio eran demasiado pequeñas y las duplicó. Y para rematar, Mercedes, viendo que aun con las lágrimas en sus bonitos ojos y la voz temblorosa no lograba convencer a Hal para que les diera un poco más, decidió robar pescado de los sacos para dárselo a los perros a escondidas. Pero lo que Buck y sus compañeros necesitaban no era comida, sino descanso. Y aunque avanzaran con lentitud, la pesada carga que arrastraban socavaba gravemente sus fuerzas.