La Llamada de la selva
La Llamada de la selva -Cien -fue la respuesta-. No habrÃa aceptado ni un céntimo menos, asà que…
-Eso hace ciento cincuenta -calculó el tabernero-; y ése los vale, o yo no sé nada de perros.
El otro se quitó el vendaje ensangrentado y se miró la mano herida.
-Si no pillo la rabia…
-Será porque naciste de pie -dijo riendo el tabernero-. Venga, dame la mano antes de marcharte -añadió.
Aturdido, sufriendo un dolor intolerable en la garganta y en la lengua, medio asfixiado, Buck intentó hacer frente a sus torturadores. Pero una y otra vez lo tumbaron y le apretaron más la cuerda hasta que lograron limar el grueso collar de latón y quitárselo del pescuezo. Entonces retiraron la soga y con violencia lo metieron en un cajón grande semejante a una jaula.