La Llamada de la selva
La Llamada de la selva HacĂa un hermoso tiempo primaveral, pero ni los perros ni los humanos eran conscientes de ello. Cada dĂa el sol salĂa más temprano y se ponĂa más tarde. AmanecĂa a las tres de la mañana y el atardecer se alargaba hasta las nueve de la noche. El dĂa entero era una llamarada de sol. El fantasmal silencio del invierno habĂa dado paso al intenso murmullo primaveral del despertar de la vida. Era un murmullo que surgĂa de toda la tierra, colmado de alegrĂa vital. SurgĂa de las cosas que vivĂan otra vez y palpitaban, cosas que habĂan estado como muertas y que no se habĂan movido durante los largos meses de frĂo. La savia subĂa por los vasos y fibras de los pinos. En los sauces y en los álamos estallaban tiernos brotes. Los arbustos y las enredaderas renovaban su capa de verdor. Cantaban los grillos por las noches, y de dĂa mil especies de animales se arrastraban con sigilo buscando el sol. En el bosque alborotaban las perdices y los pájaros carpinteros. Las ardillas chillaban, cantaban los pájaros, y, en el cielo, bandadas de patos salvajes que venĂan del sur graznaban formados en V para mejor hender el aire.