La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Buck se inclinó a la derecha, hizo un rápido y violento movimiento hacia adelante que tensó de nuevo las riendas, y súbitamente detuvo el impulso de sus setenta kilos. La carga se estremeció y, de debajo de los patines, surgió un seco crujido.
-¡A la izquierda! -ordenó Thornton.
Buck repitió la maniobra, esta vez hacia la izquierda. El crujido se convirtió en chasquido, el trineo osciló y los patines se movieron deslizándose unos centímetros hacia un lado. El trineo se había despegado. Los hombres contenían el aliento, inconscientemente.
-Y ahora, ¡arre!