La Llamada de la selva
La Llamada de la selva John Thornton estaba cenando cuando Buck irrumpió en el campamento y saltó sobre él en un arrebato de afecto, lo derribó y se le subió encima, lamiéndole la cara y mordisqueándole la mano: «haciendo el payaso», como dijo John Thornton mientras lo zarandeaba profiriendo insultos afectuosos.
Durante dos días con sus noches, Buck no abandonó en ningún instante el campamento ni perdió de vista a John Thornton. Lo seguía de un lado a otro mientras trabajaba, lo observaba a la hora de comer, lo acompañaba al acostarse y al levantarse. Pero al cabo de dos días, la llamada de la selva empezó a sonar más imperiosamente que nunca. La inquietud volvió a apoderarse de él, asaltado por los recuerdos del hermano salvaje, de la prometedora comarca más allá de la divisoria de aguas y de sus recorridos juntos por las vastas extensiones de la selva. Una vez más se dedicó a deambular por el bosque, pero el hermano salvaje no volvía; y a pesar de sus prolongadas vigilias escuchando, el aullido lastimero no se dejaba oír.