La Llamada de la selva

La Llamada de la selva

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Nada lo amilanaba. Y era precisamente por esto por lo que había sido elegido correo del gobierno. Asumía todo tipo de riesgos, afrontando resueltamente la helada con su pequeño rostro curtido y luchando sin descanso desde el alba hasta el crepúsculo. Recorrió las peligrosas orillas del lago sobre la delgada capa de hielo que cedía y se agrietaba bajo los pies y sobre la que no osaban detenerse. En una ocasión, el trineo se hundió con Dave y Buck, que, cuando los arrastraron fuera del agua, estaban medio helados y casi ahogados. Para salvarlos fue necesario encender la consabida hoguera. Estaban cubiertos de hielo, y los dos hombres los tuvieron corriendo, sudando y descongelándose tan cerca del fuego que quedaron chamuscados por las llamas.

En otra ocasión fue Spitz el que se hundió arrastrando tras él al tiro entero hasta llegar a Buck, que empleó todas sus fuerzas en tirar hacia atrás, con las patas delanteras hincadas en la ribera resbaladiza mientras el hielo temblaba y se partía a su alrededor. Pero detrás de él estaba Dave haciendo el mismo esfuerzo y, en la parte posterior del trineo, François forzaba al máximo sus tendones.




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