La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Buck llegó tambaleándose junto al trineo, exhausto, con la respiración entrecortada, indefenso. Era la oportunidad de Spitz, que se abalanzó sobre el; dos veces hundió los dientes en su enemigo indefenso, desgarrando la carne hasta el hueso. Entonces le cayó encima el látigo de François, y Buck tuvo la satisfacción de contemplar cómo Spitz recibía la peor azotaina propinada hasta entonces a un perro del equipo.
-Un demonio, ese Spitz -comentó Perrault Un día de éstos matar al Buck.
-Ese Buck valer por dos demonios -fue la réplica de François-. Sé porque yo observarlo todo el tiempo. Verás, un buen día se pone furioso, se come crudo al Spitz y lo vomita sobre la nieve. Ya verás. Soy seguro.