La Llamada de la selva
La Llamada de la selva La alteración de la disciplina afectó también las relaciones entre los demás perros. Se peleaban más que nunca, hasta el punto de que a veces el campamento era un inmenso alboroto de aullidos. Sólo Dave y Sol-leks permanecÃan al margen, aunque con aquellas riñas permanentes se volvieron irritables. François blasfemaba y lanzaba extraños y brutales juramentos al tiempo que se tiraba de los pelos y daba furiosas e inútiles patadas a la nieve que cubrÃa el suelo. Su látigo resollaba continuamente entre los perros, pero no servÃa de mucho. En cuanto volvÃa la espalda, se agarraban otra vez. Con el látigo respaldaba a Spitz, mientras que Buck estaba de parte del resto del equipo. François sabÃa que era el que estaba detrás de todo aquello, y Buck sabÃa que lo sabÃa, pero era demasiado listo para dejarse sorprender. Trabajaba con ahÃnco, pues el trabajo se le habÃa convertido en un placer; pero un placer aún mayor era provocar arteramente una pelea entre sus compañeros que acababa enmarañando las riendas.