La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Spitz seguÃa indemne, mientras que Buck sangraba en abundancia y jadeaba. La lucha era desesperada. Y el lobuno cÃrculo silencioso de perros continuaba aguardando para acabar con el que resultase derrotado. Cuando Buck se fue quedando sin resuello, Spitz se dedicó a atacarlo y lo obligó a hacer esfuerzos para no perder el equilibrio. Buck cayó al suelo una vez, y el cÃrculo de sesenta perros se dispuso a avanzar; pero él se recuperó, casi al momento, y el cÃrculo desistió y reanudó la espera.
Pero Buck tenÃa una cualidad que suplÃa la corpulencia, y era la imaginación. Luchaba por instinto, pero también era capaz de pelear con raciocinio. Atacó como si intentase el anterior truco del hombro, pero en el último instante se agachó sobre la nieve y sus dientes apresaron la pata delantera izquierda de Spitz. Hubo un crujido de hueso que se quiebra, y el perro blanco le hizo frente con tres patas. Por tres veces intentó Buck derribarlo, y después repitió el último truco y le quebró a Spitz la otra pata delantera. Éste, pese al dolor y a su precario estado, luchó desesperadamente por mantenerse en pie. VeÃa que el cÃrculo silencioso, del que se elevaba el vaho plateado de las respiraciones, se aproximaba a él con los ojos brillantes y la lengua afuera, tal y como habÃa visto en el pasado cÃrculos similares cercando a adversarios vencidos.