La Llamada de la selva
La Llamada de la selva -¿Eh? ¿no decir yo? Este Buck valer dos demonios.
Así habló François a la mañana siguiente cuando descubrió la ausencia de Spitz y a Buck cubierto de heridas. Condujo al perro cerca de la hoguera para observárselas a la luz.
-Spitz pelea como una fiera -dijo Perrault mientras examinaba los desgarrones y los cortes.
-Y Buck como dos -fue la respuesta de François-. Y ahora nosotros andar deprisa. No Spitz, no más lío, seguro.
Mientras Perrault empacaba el equipo de acampada y cargaba el trineo, François colocaba los arneses a los animales. Buck se dirigió trotando al lugar de líder que hubiera ocupado Spitz; pero François, sin prestarle atención, llevó a Sol-leks a la codiciada posición. A su juicio, era el mejor perro guía que quedaba. Buck saltó furioso sobre Sol-leks, obligándolo a retirarse y ocupando su lugar.
-¿Eh? ¿Qué es eso? -exclamó François, palmeándose los muslos, divertido-. Fíjate en Buck. Como mató al Spitz, piensa coger su puesto. ¡Fuera, fuera! -le gritó, pero Buck se negó a moverse.
