La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Pike, que tiraba inmediatamente detrás de Buck y que jamás habÃa tirado del trineo más que lo estrictamente indispensable, fue inmediata y reiteradamente sacudido por flojear; y antes de acabar la jornada estaba tirando más de lo que jamás habÃa tirado en su vida. La primera noche de campamento, Joe, el resentido, recibió el rotundo castigo que Spitz nunca habÃa conseguido aplicarle. Buck simplemente lo aplastó gracias a su peso superior y lo redujo hasta que el otro dejó de morder y se puso a gemir pidiendo tregua.
El comportamiento general del equipo mejoró con rapidez. Recuperó la antigua solidaridad y una vez más los perros corrieron al mismo ritmo. En Rink Rapids se incorporaron dos huskies nativos, Teek y Koona; y la celeridad con que Buck los dominó dejó sin aliento a François.
-¡Nunca habÃa visto un perro como Buck! -gritó-. ¡No, nunca! ¡Por Dios que vale mil dólares! ¿Eh? ¿Qué dices tú, Perrault?
Perrault asintió con la cabeza. Para entonces llevaba batido el récord y ganaba tiempo cada dÃa. El camino estaba en excelentes condiciones, con la nieve firme y dura. No hacÃa demasiado frÃo. La temperatura bajó hasta los diez grados bajo cero y asà permaneció durante todo el viaje. Los hombres corrÃan o montaban en trineo por turnos y tenÃan a los perros en constante movimiento, sin apenas paradas.