La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Pero de todos, el que más sufrÃa era Dave. Algo le habÃa ocurrido. Se volvió más sombrÃo e irritable y, en cuanto se montaba el campamento, se preparaba el refugio y allà le daba de comer su conductor. Una vez desenganchado y en su hoyo, no volvÃa a ponerse en pie hasta la hora de ocupar su puesto a la mañana siguiente. A veces, cuando durante la marcha recibÃa una sacudida provocada por un súbito frenazo del trineo, o cuando tiraba más fuerte al arrancar, soltaba un aullido de dolor. El conductor lo examinaba pero no le encontraba nada. Los demás conductores acabaron interesados en el caso. Lo comentaban a la hora de comer o mientras fumaban la última pipa antes de irse a dormir, y una noche decidieron examinar el perro todos juntos. Lo llevaron junto al fuego y palparon y exploraron su cuerpo hasta arrancarle reiterados quejidos de dolor. Algo andaba mal en su interior, pero no pudieron localizar ningún hueso roto ni averiguar nada.