La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo —Volverá a empezar la misma historia —dijo, hablándose a sà mismo—. Los hombres se multiplicarán, luego lucharán unos contra otros. Cuando hayan redescubierto la pólvora, se matarán a miles y luego a millones. Y asÃ, por medio del fuego y de la sangre, se formará una nueva civilización. Quizás para llegar a su apogeo necesitará veinte, cuarenta, cincuenta mil años. Reaparecerán por sà solos los tres tipos eternos de dominación, el sacerdote, el soldado y el rey. La sabidurÃa de los tiempos pasados, que será la de los siglos futuros, ha sido expresada por boca de estos niños. La gran masa trabajará duramente como en el pasado, y, sobre un amontonamiento de carroñas sanguinolentas, crecerá la sorprendente y maravillosa belleza de la civilización. Aunque yo destruya todos los libros de mi gruta, el resultado serÃa el mismo. ¡No por ellos la historia del mundo dejarÃa de reanudar su curso eterno!
Cara de Liebre se puso de pie. Miró el sol, que estaba ya muy bajo, y arrojó un vistazo a sus cabras, que seguÃan comiendo apaciblemente su hierva.
—El viejo nos fastidia, no para de refunfuñar. Está chocho. Ya es hora de volver al campamento.
Con la ayuda de Hu-Hu y de los perros, Cara de Liebre reunió sus cabras y las condujo, por la pista de las vÃas del ferrocarril, hacia el profundo bosque en donde se perdió de vista.