La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo —Yo —dijo Edwin, suavemente—quiero no olvidar nunca lo que el abuelo nos ha dicho de la pólvora de fusil. Cuando haya encontrado el modo de hacerla, yo seré el que los lleve a los dos a donde quiera. Tú, Cara de Liebre, cazarás para mà y me entregarás la carne. Y tú, Hu-Hu, cuando sea médico, enviarás el bastón de la muerte a quien yo diga, y todos me temerán. Si Cara de Liebre trata de romperte la cabeza, tendrá que vérselas conmigo, y yo te mataré con mi pólvora. El abuelo no es tan tonto como creéis. Yo aprovecharé sus lecciones y os dominaré a todos.
El anciano meneó tristemente la cabeza.