La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo El muchacho andaba delante suya, ajustando el ardoroso vigor de sus miembros a los pasos lentos del viejo que lo seguÃa. También él tenÃa como única vestidura una piel de animal: un trozo de piel de oso de bordes desiguales, con agujero central por el que se lo pasaba por la cabeza. Aparentaba todo lo más doce años, y llevaba, coquetamente colocaba encima de la oreja, una cola de cerdo recién cortada.
Llevaba en la mano un arco de tamaño medio y una flecha, y en su espalda colgaba un carcaj lleno de flechas. De una funda que le pendÃa del cuello, sujeta por una correa, salÃa el mango nudoso de un cuchillo de caza. El muchacho era negro como una mora, y su modo ágil de moverse recordaba el de un gato. Sus ojos azules, de una azul intenso, eran vivos y penetrantes como barrenas, y su color celeste contrastaba con la piel quemada por el sol que los enmarcaba.
