Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Pero Edwin se detuvo súbitamente ante algo que le llamó la atención, tendiendo la cuerda del arco, dispuesto ya con la flecha. Se habÃa detenido junto a una hendidura del terraplén. HabÃa allà una antigua zanja, y el rÃo, sin nada que lo interceptara, se habÃa abierto paso por la cavidad. En la otra orilla colgaba el extremo de un raÃl. Se le veÃa enmohecido a través de las plantas trepadoras que lo cubrÃan. Más allá, agazapado junto a una mata, le observaba un conejo con temblorosa incertidumbre. La distancia era de cincuenta metros, pero la flecha voló certera, y el conejo, herido, chillando de miedo y de dolor, se internó penosamente en el bosque. Al bajar de un salto el áspero muro de la hendidura y subir por el lado opuesto, el muchacho no parecÃa sino una mancha de tostada epidermis envuelta en una piel flotante. Sus finos músculos eran cuerdas de acero que se distendÃan en movimientos gráciles y eficientes. Cien pasos más lejos, entre los matojos, descubrió al animal herido, le golpeó la cabeza contra un tronco y regresó para llevárselo al abuelo.
—El conejo es bueno, muy bueno —exclamó el anciano—, pero el cangrejo es un manjar mucho más delicado y sabroso. Cuando yo era pequeño…
—¿Por qué dices tantas tonterÃas? —interrumpió Edwin, impaciente por cortar la locuacidad que le amenazaba.