Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London —Para ensartarlos —respondió Edwin.
Los tres muchachos trabajaban afanosamente en lo mismo y ya no se oyeron más que golpes y martillazos entre los que se perdÃa la charla del abuelo que decÃa indignado:
—Sois unos auténticos salvajes. Ya ha vuelto la costumbre de adornarse con dientes humanos. En la siguiente generación se perforará las narices y las orejas para colgarse de ellas objetos de hueso y concha. Sé que el linaje humano está destinado a retroceder más y más en la noche de los tiempos primitivos antes de que vuelva a iniciarse la ascensión sangrienta hacia la civilización. Cuando aumentemos en número y advirtamos la falta de espacio, empezaremos a matarnos unos a otros. Y entonces es de suponer que os colguéis en la cintura escalpelos humanos, lo mismo que tú, Edwin, el más gentil de mis nietos, hiciste con ese asqueroso rabo de cerdo. ¡TÃralo, Edwin; muchacho, tÃralo!
—¡Qué ruido arma el viejo! —dijo Hare-Lip cuando hubieron extraÃdo todos los dientes y empezaron a repartÃrselos.
Los gestos de aquellos muchachos eran breves y rudos, y su lenguaje, en los momentos de discusión acalorada sobre el número de dientes que correspondÃa como lote a cada uno, resultaba una verdadera algarabÃa. Hablaban con monosÃlabos, y sus frases rápidas y entrecortadas eran más bien una jerga que una lengua.