Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Los merodeadores no debieron llegar hasta los distritos del interior, porque encontré muchos pueblos y ciudades que se habían librado del fuego. Sin embargo, estaban llenos del hedor de la muerte y pasé de largo. Cerca de Lathrop, cansado de mi soledad, recogí dos perros escoceses, que instantáneamente consintieron en volver a someterse al hombre. Estos perros me acompañaron durante muchísimos años, y sus descendientes son esos mismos perros que tenéis ahora; pero en sesenta años la raza ha degenerado y casi más parecen lobos domesticados que otra cosa.
Hare-Lip se levantó, echó una ojeada a las cabras, por ver si ocurría algo, y observó la posición del sol en el cielo vespertino, dando muestras de una gran impaciencia ante la prolijidad del anciano. Instado por Edwin a darse prisa, el abuelo prosiguió: