Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London En el lago Temescal, no lejos de lo que en otro tiempo fue la ciudad de Dakland, di con la primera vivienda de seres humanos. ¡Oh, hijos míos!, cómo describiros mi emoción cuando, montado en mi caballo, bajaba al lado por la ladera de la colina. A través de los árboles vi el humo de una hoguera. El corazón casi dejó de latirme. Creí que me volvía loco al oír llorar a un niño… ¡a un niño! Y ladraron unos perros y mis perros contestaron. Como había supuesto hasta entonces que era el único superviviente después de la peste, no podía esperar que allí hubiese otros hombres… y con ellos humo y el llanto de un niño.
Pero, a unas cien yardas de distancia, como si hubiese surgido del lago, vi a un hombre corpulento. Estaba sentado en lo más saliente de una roca, y pescaba. Me quedé sobrecogido al verle. Detuve el caballo y le hice una seña con la mano; pero aunque me pareció que me miraba, no correspondió a mi saludo. Entonces oculté la cabeza entre los brazos con temor de volver a mirar, porque sentía que todo aquello era una alucinación y que si miraba desaparecería enseguida. Tan deseada era la visión, que quise prolongarla unos segundos más.
Así estuve hasta que oí gruñir a mis perros y percibí después claramente la voz de un hombre. ¿Qué creéis que decía? Os lo voy a repetir. Me dijo:
—¿De dónde diablos viene usted?