Martin Eden
Martin Eden —Pero aún no he terminado mi historia —dijo ella—. Trabajó, según papá, como ningún otro pasante lo ha hecho nunca. El señor Butler querÃa trabajar a todas horas. Jamás se retrasaba, y solÃa llegar a la oficina unos minutos antes de su hora. Y no perdÃa el tiempo. Dedicaba al estudio todos los momentos libres. Aprendió mecanografÃa y contabilidad, y pagaba sus lecciones de taquigrafÃa dictando por las noches a un periodista parlamentario que necesitaba práctica. No tardó en convertirse en un empleado, y se hizo insustituible. Mi padre lo apreciaba y comprendió que llegarÃa lejos. Fue él quien le sugirió que estudiara derecho. Se hizo abogado y, en cuanto regresó al bufete, mi padre le nombró socio comanditario. Es un gran hombre. Se ha negado varias veces a ser senador y dice mi padre que, si quisiera, podrÃa convertirse en miembro del Tribunal Supremo cuando se produzca alguna vacante. Una vida asà es un ejemplo para todos. Nos enseña que un hombre con voluntad puede elevarse muy por encima de su medio.
—Es un gran hombre —dijo Martin con sinceridad.