Martin Eden
Martin Eden Pero el cambio más radical de todos, y el que más le agradó, fue el que percibió en su forma de hablar. No sólo se expresaba con más corrección, sino con mayor fluidez, y habÃa muchos términos nuevos en su vocabulario. Cuando se emocionaba o entusiasmaba, sin embargo, volvÃa a cometer los viejos errores y omitÃa las consonantes finales. Y algunas veces vacilaba al pronunciar las palabras nuevas que habÃa aprendido. Pero lo cierto es que, junto con su facilidad de expresión, hacÃa gala de un ingenio que a ella le encantaba. Era el sentido del humor que le habÃa hecho tan popular entre los suyos, pero que hasta entonces no habÃa podido manifestar en su presencia por falta de palabras o de educación. Estaba empezando a orientarse y a sentir que no era del todo un intruso. Pero era demasiado tÃmido, y dejaba que Ruth marcara el paso, quedándose a su altura sin atreverse jamás a adelantarla.
Le contó lo que habÃa estado haciendo, y su plan de escribir para ganarse la vida y seguir estudiando. Pero se sintió decepcionado al ver que ella no lo respaldaba. No parecÃa convencerle la idea.