Martin Eden
Martin Eden Aquella noche se quedó a cenar y, para satisfacción de Ruth, le causó una impresión favorable a su padre. Hablaron de la profesión de marino, un tema que Martin conocía como la palma de la mano, y el señor Morse comentó más tarde que parecía un joven muy inteligente. En sus esfuerzos por evitar el argot y buscar las palabras más adecuadas, Martin se vio obligado a hablar despacio, lo que le permitió expresar mejor sus ideas. Estaba mucho más tranquilo que la primera vez que había cenado allí, casi un año antes, y su timidez y modestia agradaron a la señora Morse, que se alegró de sus evidentes progresos.
—Es el primer hombre que llama la atención de Ruth —comentó a su marido—. Me tenía muy preocupada lo poco que le interesan los hombres.
El señor Morse miró a su mujer con curiosidad.
—¿Pretendes utilizar a este joven marinero para abrirle los ojos? —inquirió.
—Pretendo hacer lo posible para que mi hija no se quede soltera —fue su respuesta—. Si el joven Eden logra despertar su interés por el sexo masculino, será algo bueno.
—Algo muy bueno —exclamó él—. Pero supongamos… porque a veces, querida, debemos suponer… supongamos que despierta su interés únicamente por él…
