Martin Eden
Martin Eden El despertador sonó, arrancando a Martin con tanta brusquedad de su sueño que habría dado dolor de cabeza a cualquier persona con una constitución menos fuerte. Aunque dormía profundamente, se despertaba al instante, como los gatos, y se levantaba de un salto, contento de que hubieran terminado las cinco horas de inconsciencia. Odiaba el abandono del sueño. Había demasiadas cosas que hacer, demasiada vida que vivir. Lamentaba cada momento robado por el sueño y, antes de que el reloj dejara de tocar, estaba en el lavabo, temblando de frío por la temperatura del agua.
