Martin Eden
Martin Eden Recorrió con los ojos su poderoso cuello, apenas visible a la luz de las estrellas, y su sólida cabeza; y volvió a latir en ella el viejo deseo de colocar las manos en aquel cuello. Le atraía la fuerza que tanto aborrecía. La sensación de soledad se hizo más profunda y se sintió cansada. El velero estaba demasiado escorado, y recordó cómo le había curado el dolor de cabeza y la serenidad que emanaba de él. Martin se hallaba cerca, muy cerca, y el movimiento del barco parecía empujarla en su dirección. Entonces tuvo el impulso de apoyarse, de abandonarse a su fuerza… Era un impulso vago, bastante impreciso, que, mientras era sopesado, se volvió irrefrenable y la obligó a inclinarse hacia él. ¿O era la escora del barco? No lo sabía. Ni lo supo jamás. Sólo advirtió que se apoyaba en él y que su sensación de alivio y serenidad era maravillosa. Tal vez fuera culpa del barco, pero ella no hizo el menor esfuerzo por evitarlo. Se apoyó dulcemente en su hombro, y siguió apoyada cuando Martin cambió de postura para que estuviera más cómoda.