Martin Eden
Martin Eden »No tiene ningún mérito, por supuesto… no es más que un trabajo mezquino y aburrido; pero no es peor que llevar la contabilidad de un negocio por sesenta dólares al mes, sumando interminables columnas de números hasta el fin de mis dÃas. Y, además, esa clase de escritos me permitirán relacionarme con el mundo literario y me dejarán tiempo para intentar cosas mejores.
—Pero ¿de qué sirven esas cosas mejores, esas obras maestras? —preguntó Ruth—. No puedes venderlas.
—Claro que puedo —empezó a decir él; pero ella le interrumpió.
—Todos esos tÃtulos que has mencionado, y que tú dices que son buenos… no has conseguido venderlos. No podemos casarnos con unas obras maestras que no se venden.
—Entonces nos casaremos con unos triolets que sà se venderán —afirmó, rodeando con el brazo y atrayendo hacia sà a una novia muy poco entusiasta—. Escucha esto —prosiguió, intentando animarla—. No es arte, pero es un dólar.
Entró él
y yo no estaba;
a pedirme té
y sin él se fue,
se fue sin nada;
yo entré después