Martin Eden

Martin Eden

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Capítulo XXIV

Pasaron las semanas. Martin se quedó sin dinero, y los cheques de los editores seguían brillando por su ausencia. Le habían rechazado todos los originales importantes y él había vuelto a enviarlos, y sus trabajos periodísticos no corrían mejor suerte. Su pequeña cocina ya no se veía bendecida con diferentes comidas. Se quedó sin un centavo con medio saco de arroz y unas pocas libras de albaricoques secos, y pasó cinco días seguidos comiendo arroz y albaricoques tres veces al día. Entonces empezó a comprar al fiado. El tendero portugués, al que hasta entonces siempre había pagado en efectivo, le quitó el crédito cuando alcanzó la alarmante suma de tres dólares y ochenta y cinco centavos.

—Verá —dijo el tendero—, si usted no consigue trabajo yo pierdo dinero.

Y Martin no supo qué contestarle. No había explicación posible. Dar crédito a un joven fuerte y sano de clase obrera demasiado vago para trabajar no era un buen principio comercial.

—Usted consiga un empleo y yo le seguiré fiando —aseguró el tendero a Martin—. Sin empleo, no hay crédito. Así están las cosas —y para dejar claro que era simplemente cuestión de negocios y no de prejuicios, añadió—: Beba algo, invita la casa… nosotros, tan amigos.


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