Martin Eden
Martin Eden Martin Eden no salió a buscar trabajo por la mañana. Empezaba a oscurecer cuando se recuperó de su delirio y miró a uno y otro lado con ojos doloridos. Mary, una niña de ocho años de la familia Silva que estaba de guardia, dio un grito al ver que recobraba la conciencia. Maria se apresuró a salir de la cocina y entró en la habitación. Tocó su frente ardiente con su mano callosa y le tomó el pulso.
—¿Quiere comer algo? —preguntó.
Él movió la cabeza. Comer era lo último que deseaba, y le extrañó haber tenido hambre alguna vez en la vida.
—Estoy enfermo, Maria —dijo débilmente—. ¿Qué tengo? ¿Lo sabe?
—Tiene gripe —respondió ella—. En dos o tres días estará bien. Será mejor que no coma ahora. En seguida lo hará, tal vez mañana.
