Martin Eden
Martin Eden Sin embargo, mientras él le contaba que le habían aceptado dos historias, y su desesperación al leer la carta de la Transcontinental y su alegría al recibir la de The White Mouse, Ruth no le seguía. Escuchaba las palabras que pronunciaba y entendía su sentido literal, pero no compartía su desesperación ni su alegría. No lograba salir de sí misma. No le interesaba la venta de relatos a las revistas. Lo que realmente le importaba era el matrimonio. No era consciente de ello, sin embargo, de igual modo que ignoraba que su deseo de que Martin tuviera un empleo era un impulso instintivo y preparatorio de la maternidad. Se habría ruborizado si alguien se lo hubiera explicado de ese modo, y después habría mostrado su indignación y habría afirmado que lo único que deseaba era que el hombre que amaba se desarrollara plenamente. Así que, mientras Martin le abría su corazón, exultante por el primer éxito en su trabajo, ella prestaba escasa atención a sus palabras y miraba de vez en cuando la habitación, asombrada de lo que veía.