Martin Eden
Martin Eden Martin bajó los escalones y metió la mano en el bolsillo de su abrigo. Sacó de él un papel de arroz color marrón y una brizna de tabaco mexicano, y lió con destreza un cigarrillo. Aspiró profundamente la primera bocanada de humo y la expulsó con una larga y prolongada exhalación.
—¡Dios! —exclamó en voz alta, sorprendido y asustado al mismo tiempo—. ¡Dios! —repitió—. ¡Dios! —susurró de nuevo.
Luego se llevó la mano al cuello almidonado, lo arrancó de la camisa y lo guardó en el bolsillo. Caía una llovizna fría, pero se quitó la gorra y se desabrochó el chaleco mientras continuaba andando con pasmosa indiferencia. Apenas reparaba en la lluvia. Se hallaba en éxtasis, soñando despierto y evocando las escenas que acababa de vivir.
