Martin Eden
Martin Eden Martin se tropezó por casualidad con su hermana Gertrude en Broadway; y aquel encuentro resultó providencial, aunque también algo humillante. Mientras esperaba el tranvÃa en la esquina, ella le vio primero, y reparó en la expresión ansiosa y famélica de su cara y en su mirada inquieta y desesperada. Lo cierto es que estaba inquieto y desesperado. Acababa de tener una conversación con el propietario de la casa de empeños, al que habÃa intentado convencer en vano de que le hiciera un préstamo adicional por la bicicleta. Con la llegada del sombrÃo tiempo otoñal, Martin habÃa empeñado su bicicleta y se habÃa quedado con el traje negro.
—TodavÃa tiene el traje negro —le habÃa contestado el prestamista, que conocÃa todas sus pertenencias—. Espero que no lo haya empeñado en casa de ese judÃo Lipka. Porque si lo ha hecho…
Antes de que lanzara su amenaza, Martin se apresuró a decirle:
—No, no; lo tengo yo. Pero lo necesito por una cuestión de negocios.
—Está bien —replicó el usurero, más tranquilo—. Pero yo también lo necesito por una cuestión de negocios… antes de prestarle más dinero. ¡No pensará que me dedico a esto por amor al arte!
